Se Oscureció el Sol
Se oscureció el sol a las tres de la tarde
Y conmovida tembló la tierra
Y temblaban los soldados los verdugos
Y salió del cáliz divino sangre y agua.
Se oscureció el sol de la vida
Y la oscuridad invadía todas partes
Y más invadía no solo la tierra
Y además invadía la esperanza del corazón humano.
Se oscureció el sol de los sufriendo
Y de los presos
Y de los hambrientos
Y de los tropezando por las drogas.
Se oscureció el sol de los perdidos
Y el alma errante buscando el amor
Y el niño y la niña huérfanos de la guerra
Y de los presos políticos, los desaparecidos.
Se oscureció la luz en las tinieblas
Y por momento se falle la esperanza
Y por momento grita el Señor de los ejércitos
Y como millones se siente abandonado.
Se oscurecieron los horizontes de la fe
Y por momento preguntamos por qué
Y por momento compartimos con el mundo la ceguedad
Y por el suplicio y la muerte del Señor nos quedamos desconsolados.
Se oscureció nuestra visión
Y sentimos ciegos
Y no sabemos por qué
Y por momento tememos la oscuridad al medio día.
Se oscureció el cielo y vemos la Virgen Madre
Y las mujeres fieles y valiosas
Y San Juan
Y en nuestros corazones por ella se brilla una luz, una llama.
Se oscureció no tanto la luz; La Virgen de los Dolores contempla los misterios
Y una espada precedida atravesando su corazón
Y el ángel Gabriel confortando la que dijo sí
Y se angustian los coros celestiales los llantos de la sin mancha.
Se oscurecen nuestros corazones en dificultades, angustias, tragedias
Y en la oscuridad de pleno día nos refugiamos en amargura, violencia, y rebelión
Y preguntamos por qué
Y las nubes oscuras nos ignoran.
Se oscurecen aún más en la bajada del cuerpo santo de la cruz
Y se pone en el seno de nuestra madre
Y ella que abrazaba al niño festejado por el coro celestial
Y lo abraza por última vez y el coro angélico, atónito, y mudo llueve lágrimas.
Se oscurece el ánimo de nosotros los discípulos de hoy
Y José de Arimatea su sepulcro le da al pobre
Y Nicodemo cargado de ungüentos costosos
Y unge el lindo cuerpo del maestro arrastrado de heridas.
Se oscurecen nuestros corazones las noticias
Y vemos los jóvenes atropellados por las guerras
Y vemos asustados las olas de refugiados despreciados y temidos
Y vemos los drogadictos en la calle una vez bebés mamando.
No se oscurecen nosotros jamás, aliviados por la aurora
Y esperamos la madrugada de la tumba abierta
Y las mujeres corriendo con las noticias increíbles
Y María de Magdala hace pregunta del jardinero y encuentra a su amado.
Se dispersa la oscuridad
Y en la luz del cirio
Y en la luz de la iglesia iluminada
Y jamás la noche oscura in pleno día.
Se oscurecen jamás nuestras vidas
Y la sombra ya inútil
Y llantos convertidos en gozo
Y lágrimas secas e inválidas.
El día se amanece.
No se oscurece Cristo Resucitado.
Luz de luz
Dios Verdadero de Dios Verdadero.
Amen.









